dimecres, setembre 07, 2011

El problema no es el déficit público


Me parece un error la reforma exprés de la Constitución para introducir un límite de déficit público a las distintas AAPP. Son varios los motivos, aunque se podrían resumir básicamente en dos: la inclusión en nuestra norma suprema de ordenamiento jurídico de una medida claramente neoliberal y la negación a que sean los españoles los que decidamos mediante referéndum una reforma de tal importancia.

Entiendo la presión de los mercados, la estabilidad que necesitamos para seguir emitiendo deuda pública y ésta sea colocada a un interés bajo, pero es totalmente exagerado plegarnos a sus intereses y reformar la Carta Magna. Al menos, finalmente no consta un número explícito en tal reforma, sino que se hará mediante ley orgánica; lo cual suaviza mínimamente el error del presidente Zapatero. Hubiese sido terrible, ya que para intentar corregirlo, sería necesaria nuevamente una reforma constitucional y que 3/5 partes del Congreso lo aprueben. Lo cual significa que tanto PSOE y PP deberían estar de acuerdo y, evidentemente, los populares no hubiesen aceptado nunca. De esta manera, la reforma de ley orgánica solo necesita la mayoría del Congreso y por tanto sería mucho más sencillo para el partido que gobierna.

Limitar el déficit público no va a traer más estabilidad, ni va a calmar a los mercados. Es una realidad que estamos viendo en los días posteriores a la reforma: la prima de riesgo aumentando por encima de los 340 puntos y la bolsa de Madrid (y del mundo) marcando mínimos históricos por debajo de los 8000 puntos. ¿Ahora, que más tendremos que hacer por los mercados y la señora Merkel? Seguramente lo que nos pidan. El déficit público no es contraproducente en sí mismo como nos quieren hacer creer, siempre que esa inversión (en educación, formación, investigación, infraestructuras, etc.) sea más rentable que el coste que pagamos por ella.

La realidad es que nuestra deuda pública está ligeramente por encima del 60% del PIB, lo cual significa, para que todo el mundo lo entienda, que necesitamos destinar el 60% de toda la producción de bienes y servicios de un año para sufragar lo que debemos. Parece mucho, pero no lo es tanto, sobre todo si lo comparamos con otros países de la UE como por ejemplo Alemania, Francia o Italia, con deudas muy por encima (incumpliendo el Pacto de Estabilidad, pero no pasa nada). Además, también existe la deuda privada, que la forman empresas y familias, y es sustancialmente más elevada que la pública (pero tampoco pasa nada, sólo nos fijamos en lo público).

¿Por qué explico esto? Creo que nos estamos equivocando obsesionándonos con la reducción del déficit público cuando no es nuestro principal problema. Nuestro problema es que no somos capaces de crecer económicamente y, por tanto, de crear puestos de trabajo. Debemos ordenar las finanzas públicas, sí; pero nuestra verdadera obsesión debería ir encaminada a la educación, la formación, la investigación y, sobre todo, el apoyo a nuestros emprendedores. Apostar contundentemente por aquellos que aportan valor añadido, los que innovan y exportan. De esta manera lograríamos crecer económicamente y crear puestos de trabajo, lo que haría aumentar los ingresos del estado por el aumento de la recaudación por impuestos, poder sufragar los gastos y equilibrar las cuentas. Pero, evidentemente, este paso no sale gratis y necesitamos endeudarnos en el corto plazo para conseguirlo, algo que en absoluto podremos hacer si optamos por la estabilidad presupuestaria y si, además, queremos mantener unas políticas sociales, una educación y una sanidad de calidad. Milagros, a Lourdes.

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