Este viernes nos dejó otro grande para siempre. Sí, el es Andrés Montes, un grande que marcó un estilo propio (nos guste más o menos) en las narraciones deportivas. Sólo hacía faltar visitar una pista deportiva de baloncesto de cualquier lugar de nuestro país y escuchar los comentarios de los allí presentes para darse cuenta de la imprenta que había dejado.
Siempre recordaré aquella canasta de Jordan que dio el anillo a los Bulls con la narración de Montes, y no la recordaré precisamente porque fuese seguidor de ese equipo, sino todo lo contrario, yo era de Malone-Stockton, es decir, de los Jazz y me sentó como un tiro. Pero eso de levantarse de madrugada con tu padre y disfrutar de la NBA junto a Andrés Montes y Daimiel, era una gozada. Como el decía: "la vida puede ser maravillosa"; yo añadiría que a veces no, incluso muchas veces es una auténtica mierda, porque se seiguen yendo los buenos habiendo en el mundo tantísimo ... en fin, me ahorro la palabra. ¡Hasta siempre Andrés!
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