Ayer cena de empresa en el restaurante Attic de Barcelona en plena Rambla de Barcelona. Un lugar recomendable, siempre que sea en la terraza, donde se puede fumar y las vistas son geniales. La comida es buena, sin llegar a ser excelente. Despedíamos a Virginia, que vuelve una temporada (esperemos que más corta que larga) a Venezuela, su país. Me toca coger las riendas de buena parte del trabajo que hacía ella: lo cojo con cierto vértigo, pero con la convicción de que lo sacaré adelante y con la tranquilidad de que aunque esté lejos estará ahí para lo que haga falta. Es una suerte trabajar con gente así, tengo la sensación de que tengo algo que aprender de todos mis compañeros y compañeras de trabajo. Me gusta el equipo que hacemos, me gusta mi trabajo y eso, hoy en día, es como tener un tesoro.
Virginia y yo






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